Danza tu vida

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martes, 15 de septiembre de 2009

SOBRE LAS EMOCIONES: LA CÓLERA

La cólera
La cólera produce en nuestro organismo una energía que tanto nos permitirá defender nuestro terreno físico como el psíquico. Gracias a ella podemos marcar claramente los límites que no se deben traspasar. Es sano expresar la cólera para protestar contra una situación que percibimos como injusta y para impedir la acumulación de nocivos sentimientos de frustración en nuestro espíritu. La cuestión es que, como se cuenta que dijo Aristóteles, “cualquiera puede enfadarse, eso es muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado adecuado, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”.
Además, no se debe confundir cólera con violencia, ni física ni verbal. Manifestando la cólera juiciosamente evitamos llegar a la violencia, evitamos acumular gases tóxicos en nuestro interior que acaban explotando cuando menos lo esperamos. Sí, en algunas ocasiones puede parecer absolutamente necesario dar rienda suelta a nuestra cólera.
Pero lo más importante es saber que la cólera que sentimos nos muestra un camino a nuestro interior, nos ayuda a saber quiénes somos realmente. Es bueno dotarnos de paciencia tanto para cólera reciente como para la antigua, y también es bueno buscar su curación.
Si aún nos falta mucho trecho que recorrer hasta poder decir adiós a la ira, hay otros pasos que podemos dar en esa dirección. Clarissa Pinkola Estés recomienda cuatro fases del perdón que os resumo en pocas palabras:
1ª.- Apartarse, dejar correr. Dejar de pensar en esa persona o acontecimiento, distraerse, tomar distancia
2ª.- Tolerar, abstenerse de castigar. Podría ser evitar hacer comentarios desagradables u hostiles y practicar la generosidad.
.- Olvidar, arrancar el recuerdo, no pensar. No alimentar los recuerdos y no entretenerse con ciertas cuestiones.
4ª.- Perdonar, dar por pagada la deuda. Hay muchos grados y muchas formas de perdón, y todas son un primer paso hacia la paz interior y la serenidad.
El resentimiento es un veneno que nos tomamos nosotros para que muera el otro. ¡Y el otro ni enterarse!
¿Y el perdón? Porque merecemos estar entre los que perdonan.
Estas son dos ideas que me han ayudado mucho en mi proceso personal, y que no puedo dejar de compartir a la vez que recomendaros algunos libros sobre el tema.
Mujeres que corren con los lobos, Clarissa Pinkola Estés
Las emociones que curan. rita Zarï
Ecología emocional, Jaume Soler y Mercé Conangla
Tus zonas erróneas, Wayne W. Dyer
El arte de perdonar, Patrick Miller
Un Curso de Milagros