Danza tu vida

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jueves, 8 de abril de 2010

CONOCERSE, AMARSE Y MOTIVARSE A UNO MISMO


En las dos entradas anteriores hablé sobre la importancia de conocerse y amarse a uno mismo. Me ronda por la cabeza ahora el escribir sobre el siguiente paso, que creo que tiene mucho que ver con el optimismo, la esperanza, la automotivación y otra serie de palabrejas que a los psicólogos les gusta emplear y que en un momento os explicaré.
El optimismo - al igual que la esperanza - dice Daniel Goleman, significa tener una fuerte expectativa de que, en general, las cosas irán bien a pesar de los contratiempos y las frustraciones. Recuerdo que desde pequeña un inmenso sentimiento de esperanza me ha acompañado siempre. Solía ser optimista, elegía pensar que las cosas iban a mejorar y, sin saber definirlo con palabras técnicas, aquello me mantenía en pie y caminando.
Con el tiempo aprendí que nada es permanente, que las cosas que nos suceden pueden ser buena o mala suerte según como elijamos mirarlas y que la vida, ciertamente, no está exenta de dificultades ni es el cuento de princesas con el que me alimentaron en mi niñez. Y en este escenario de mar, a veces en calma, a veces tormentoso y plagado de piratas, es la esperanza la que me ha mantenido navegando con las velas desplegadas.
Ahora bien, no confundamos el optimismo con la ilusión puesta en un hipotético futuro mejor que el presente con el que nos toca vivir, porque puede ser que muramos ahogados en un mar de frustración, porque las cosas no mejoran ni tienen pinta de mejorar.
Es en el día a día cuando tenemos que alimentarnos de esperanza y optimismo. Si, ciertamente, podemos tener muchos problemas, pero siempre, SIEMPRE, hay algo positivo a lo que poder dirigir nuestros pensamientos y son esas cosas hacia las que tenemos que orientarnos. Por otro lado, los problemas nos brindan oportunidades de mejorar, de crecer , de madurar, si sabemos aprovecharlos. Cuántas veces hemos oído de personas que han superado graves enfermedades que han resultado fortalecidas en el proceso. Lo importante es buscar huecos para abrir ventanas cuando se nos cierran puertas. Una puerta cerrada puede significar que ese no era el camino, y a veces nos empecinamos en quedarnos paralizados frente a ella y no nos damos cuenta de que a nuestra espalda los muros se abren para ofrecernos diferentes salidas.
Detrás del optimismo y esperanza dice Daniel Goleman que se se encuentra la autoeficacia, que es la creencia que de uno tiene el control de los acontecimientos de su vida y puede hacer frente a los problemas en la medida que se presenten. La autoeficacia, al igual que el conocimiento y el amor por uno mismo, comienzan a nutrirse en la niñez. Difícilmente podré hacer frente a los problemas si desde pequeña me han hecho saber que era una inútil. Pero no haberla desarrollado en la infancia no significa que no podamos cultivarla en la edad adulta. ¿Cómo? En el día a día, dotándonos de recursos, cultivando alguna habilidad, confiando en los demás y en nosotros mismo, admirando nuestros pequeños logros de cada día, aplaudiéndonos por ellos y desarrollando un lenguaje íntimo con nosotros mismo de amor y comprensión. Cambiando el "qué tonta estoy" o "soy un desastre" por el "ánimo, tú puedes".
Hay tendencias en nuestra forma de ser que ciertamente vienen dadas desde nacimiento, pero hay muchas cosas que podemos hacer para cultivar el optimismo, la esperanza y, día a día, motivarnos a nosotros mismo desde la creencia en que hacemos las cosas lo mejor que podemos.
Buscad actividades, amigos, experiencias nutritivas y sed madre, padre, hermano, hermana, amante, amigo, amiga de vosotros mismos. Mirad al pasado con serenidad, al futuro con esperanza y vivid el presente buscando cosas por las que dar gracias, y sintiendo ese agradecimiento en el fondo del corazón.
Escrito por María
Cito a Daniel Goleman del libro La inteligencia emocional
Foto: Luis Rodrigo